Por otro lado, denunciamos con justa indignación y aversión a los hombres tan seducidos y desmoralizados por los encantos del placer del momento, tan cegados por el deseo, que no pueden prever el dolor y la angustia que inevitablemente les sobrevendrán; e igual culpa recae sobre quienes incumplen su deber por debilidad de voluntad, lo que equivale a decir por rehuir el trabajo y el sufrimiento. Estos casos son perfectamente simples y fáciles de distinguir. En un momento libre, cuando nuestra capacidad de elección es ilimitada y cuando nada nos impide hacer lo que más nos gusta, todo placer debe ser bienvenido y todo dolor evitado. Pero en ciertas circunstancias, y debido a las exigencias del deber o las obligaciones del trabajo, con frecuencia ocurrirá que los placeres deban ser repudiados y las molestias aceptadas. Por lo tanto, el hombre sabio siempre se atiene en estos asuntos a este principio de selección: rechaza placeres para conseguir otros mayores, o bien soporta dolores para evitar dolores peores.

- por Merih Findik
Traducción de 1914 de H. Rackham
- por Merih Findik


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